...de la nube salió una voz, que dijo: “Este es mi Hijo amado, a quien he elegido: escúchenlo.”
Mateo 17:5
Profetas, sacerdotes y reyes en el antiguo Israel fueron dados por Dios como regalos para su pueblo. El propósito de Dios era que esas personas ayudasen a Israel, su pueblo, a preservar y de cierta manera, reconocer que fuimos creados a Su imagen.
Los verdaderos profetas de Dios recibían una palabra para transmitir al pueblo. Sueños y visiones eran los medios más comunes, por medio de los cuales Dios se comunicaba con ellos. Y naturalmente, así como ahora, no faltaban los falsos profetas. Decían lo que la gente quería escuchar y ver, todo salía de la imaginación, tal vez infundidas e inspiradas por los espíritus malignos, burladores y mentirosos.
La verdadera profecía, es más bien una cuestión de infundir la voluntad de Dios a su pueblo, y no de predecir el futuro. La profería puede predecir algún acontecimiento futuro, pero, en la mayoría de las veces, es un llamado al arrepentimiento para que los caminos, los deseo y la vida vuelvan a los patrones de la santa voluntad de Dios, que ya está revelada.
Moisés y Elías estaban entre los mayores profetas del Antiguo Testamento, sin embargo no eran perfectos. Moisés quitó la vida de un egipcio, Elías, después de hacer caer fuego del cielo, en el Monte Carmelo, huyó. Pero Dios prometió la venida de un profeta mayor (Deuteronomio 18:15-20).
Piensa
Es curioso saber el futuro, pero es peligroso confiar en quienes “predicen”.
Ora
Padre Celestial, Ayúdanos a escuchar a tus profetas, especialmente a Jesucristo, nuestro gran Profeta. Haz que podamos vivir la vida profética y ser un pueblo profético, por amor de tu Hijo. En su nombre oramos. Amén.
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