Simeón lo tomó en brazos y alabó a Dios, diciendo...
Lucas 2:28
¡Amo la Navidad! Me gustan mucho los cánticos, los mensajes, las conmemoraciones, las decoraciones, las luces diferentes, los colores de los adornos, la comida y las festividades. Simeón nos recuerda que la Navidad es para todas las personas, judías y gentiles. La Navidad es para el mundo, preparado por Dios “en la presencia de todos los pueblos”. A veces me gustaría que la Navidad durase todo el año.
¿No es maravilloso saber que el viejo Simeón pudo acoger y sostener en sus brazos el regalo de la Navidad? Esa escena en el Templo conmueve nuestro corazón. Lo tomó en sus brazos, exclamó: “Oh Dios, me haz dejado vivir una edad avanzada. Ahora que ya vi al Mesías, el consolador de Israel; ahora que vi a tu Hijo, el Salvador del mundo, estoy listo para morir.” Simeón no podía hacer que la Navidad durase mucho tiempo. Nosotros tampoco. Jesús no podía quedarse para siempre en los brazos del anciano. El niño crecería y sería un hombre y llegaría el tiempo cuando Jesús – como hizo Simeón – nos acogería en sus brazos. La única manera que la Navidad continúe es aceptando los brazos de Jesús. Es escuchar la voz de Dios que dice: “Escúchenme y vengan a mi, presten atención y tendrán vida nueva. Yo haré una alianza eterna con ustedes y les daré las bendiciones que prometí.” (Isaías 55:3)
Piensa
La alegría de la Navidad puede permanecer todos los días.
Ora
Padre celestial, susténtanos en los brazos de Jesús; salvos en su regazo acogedor. Allí, por su amor protector, que nuestra alma pueda encontrar descanso. En nombre de Él oramos. Amén.
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