Como señal, encontrarán ustedes al niño envuelto en pañales y acostado en un establo.
Lucas 2:12
Si una persona que recibe un regalo, solamente admira el obsequio que está muy bien envuelto con papel colorido y moños de cinta, y lo agradece desde lo más profundo de su corazón, pero no lo abre y deja encima de la mesa así como lo recibió, diríamos que es extraño. ¿Con esa actitud, el regalo no será inútil? Navidad es la celebración del regalo más grande que alguien ha ofrecido para alguien. Dios es el que regala. Él nos manda su regalo en forma de un niño. Cuando llega un niño en un hogar, todos se alegran. Todos los que rodean al niño expresan palabras espontáneas de admiración, ¡Que bello, adorable, delicado, tierno, etc.! Imaginemos al niño Jesús acostado en el pesebre. Difícilmente encontramos a alguien que no le guste los bebés. Nadie objeta al niño Jesús. Ningún poderoso de este mundo se preocuparía con Jesús si siempre fuese así, un niño – ni los lideres religiosos, ni Herodes, ni mismo el Diablo.
Los que celebran sólo el nacimiento de un niño, celebran la Navidad sin entender el verdadero significado. Debemos ver al niño que se hizo hombre, que fue crucificado, subió al cielo y regresará como el juez de todos los vivientes. Necesitamos rasgar el papel, abrir el paquete, revisar el regalo. Dios dió ese regalo... “para que todo el que en él cree no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Piensa
El niño creció,
la salvación regaló.
Ora
Bendito Padre, gracias te damos, por el regalo incalculable que nos diste, tu Hijo. Ayúdanos a recibir tu regalo, a aceptarlo como Salvador y Señor de nuestras vidas. En nombre de tu Hijo Amado. Amén
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