En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad.
Juan 1:4
Las tinieblas y la muerte andan juntas, y se oponen a la luz y la vida. El astuto Satanás y el pecado están asociados a las tinieblas y a la muerte. Dios y la gracia están asociados a la luz y a la vida. El Diablo es el príncipe de las tinieblas. Dios es la fuente de la luz.
Las tinieblas pueden ser físicas o espirituales, literarias o simbólicas. Ellas pueden referirse a los ojos del rostro, pero también a los ojos del corazón, del alma del hombre.
Jesús es la luz del mundo. Él es la Palabra por medio de la cual las estrellas, la luna y el sol fueron creados para dar luz. Él es también la Palabra, la lámpara que ilumina el camino de su pueblo. La Navidad, la Palabra, es la lámpara por medio de la cual Dios ilumina el camino de su pueblo.
El día de Navidad, la Palabra y la Gloria de Dios viene a nosotros en carne humana. La luz del mundo se hizo niño y creció. Tenemos que ver y escuchar y creer, para reconocer en sus palabras y actitudes de la verdadera luz del mundo. Aquellos que insisten en pertenecer a las tinieblas, no pueden verlo ni comprenderlo. Jesús, el Salvador, la luz del mundo, es aquel que ilumina la oscuridad. El envía un rayo de esperanza al que sufre. Sana los corazones destrozados, ilumina la noche oscura del alma, alumbra las sepulturas de sus seguidores y los levanta para la vida eterna.
Piensa
Ya rayó la luz del alba, iluminó el camino que estaba oscuro.
Ora
Señor, llena nuestra vida con tu luz. Que podamos, llevar tu luz por todos los rincones de la tierra y esparcir tu gracia y amor a los seres humanos que haz creado, para que así te conozcan. En nombre de Cristo. Amén.
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