sábado, 18 de diciembre de 2010

Si yo fuera rico…

“No te afanes acumulando riquezas; 
no te obsesiones con ellas”.
Proverbios 23:4


Cuántas veces hemos oído esa canción, convertida en expresión de deseo. Cuando la dice un familiar, suele completarla con una retahíla de beneficios que con toda seguridad proveería para los que le oyen. Compraría una casa para ti, le pagaría una buena universidad al otro, saldaría las deudas de tal pariente cercano, etc. Como siempre se trata de una hipótesis, no cuesta nada prometer. Además, hacerse rico no es tan fácil en la mayor parte de países del mundo, así que lo único que nos queda es la lotería...

La Biblia nos aconseja huir de las riquezas fáciles y rápidas. El orden de Dios es trabajar honrada y sosegadamente, y confiar en la provisión del Señor. Propongámonos, estas navidades, centrarnos en la verdadera fuente de alegría. Emanuel, Dios con nosotros. Y si Dios nos concede riquezas, seamos fieles en administrarlas con un corazón solidario y una perspectiva que tenga en cuenta su Reino.

Piensa

La mayor riqueza no está en la incierta lotería, sino en la segura gracia de Dios.

Ora

Enséñanos, Señor, a valorar lo que tenemos, a pedir confiadamente el pan de hoy y a compartir lo que nos das de más. Amén.


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