“Había también una profetisa, Ana… muy anciana… que día y noche adoraba a Dios con ayunos y oraciones”.Lucas 6:36-38
Hay carreras universitarias que se hacen largas, porque después requieren unos años de prácticas hasta poder desarrollar la profesión estudiada, pero nunca se ha oído de un plan de preparación que exija hasta los ochenta y cuatro años. Sin embargo, la hija profetisa de Penuel, Ana, pasó todo ese tiempo viviendo una vida de devoción a Dios para estar preparada ante la llegada del anhelado día en que sus ojos pudiesen contemplar al Mesías.
Hay un sentido en que nos parecemos a ella. Toda nuestra vida debe ser un anhelo de contemplar la gloriosa venida de Cristo a reinar. Mientras tanto, no nos limitamos a esperar en una especie de burbuja que nos impida pisar con los pies en tierra, pero sí que pasamos el tiempo otorgando una importancia capital a nuestra relación con Dios.
Así, no tenemos excusa para ausentarnos de ese proceso de formación tan extenso en el tiempo, pero tan gratificante en su desarrollo y en su meta, porque es vivir en la presencia de Dios mientras él nos prepara para mirarle cara a cara.
Piensa
Vale la pena esperar cuando lo que se espera vale la pena.
Ora
Señor, te alabamos por la obra de Cristo, que nos permite acceso al Lugar Santísimo, el mejor lugar para ser formados hasta el día en que nos llames o regreses. Amén.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario