Porque nos ha nacido un niño... la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: … Padre eterno”.
Isaías 9:6
Cuando el Mesías anunciado se nos presenta como un padre eterno, está subrayando dos anhelos profundos del ser humano: por un lado, la necesidad de un padre, de alguien en quien podemos confiar, que nos va enseñar, que nos va guardar, que va proveer para nuestras necesidades y crecimiento, a quien podemos acudir cuando tenemos miedo, etcétera. Pero no menos importante es la noción de que ese padre es eterno.
Querido lector, imagínate ahora siendo niño, con nueve o diez años de edad, disfrutando de todas las bendiciones que supone tener un buen padre, pero que te digan que ese padre se marcha dentro de semanas, meses, incluso años. Creo que eso es terrible.
Nuestro Salvador es padre eterno, tenemos en Él todo lo que necesitamos como hijos, como niños que somos, débiles y siempre en proceso de aprendizaje. Tenemos en Él esa preciosa provisión con carácter eterno, con la seguridad de que nunca nos va a faltar.
Piensa
Tu Padre eterno te ama eternamente.
Ora
Gracias, Señor, por cada uno de los nombres del Mesías. Ayúdame a honrarte como Padre. Amén.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario