“Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo”.
Mateo 5:16
La ciudad de Madrid, gastaba durante los últimos años varios millones de euros en iluminación navideña. La concienciación ecológica y los apremios de la crisis obligaron a muchas ciudades a buscar bombillas, que consumieran mucho menos. Y, oh sorpresa, resulta que la tecnología hacía tiempo que estaba disponible y que los resultados no tenían mucho que envidiar a las bombillas antiguas en belleza e inspiración.
El brillo de las luces cambia mucho el ambiente. En un sentido figurado, los cristianos deberíamos ser también luces en Navidad, para recordar las buenas noticias de la venida del Salvador al mundo. Tenemos la ventaja de que, al contrario que con la iluminación de las ciudades, nuestra fuente de energía es gratuita e inagotable. Gratuita, porque viene de la gracia de Dios, que nos permite realizar buenas obras que exaltan su nombre. E inagotable, porque el poder con que brillamos viene del Espíritu Santo.
Piensa
Cuanto mayor es la oscuridad, más se agradece la luz, aunque al principio deslumbre.
Ora
Gracias, Dios nuestro, por querer valerte de nosotros para que alumbre tu luz. Haz fluir siempre tu poder para que brillemos. Amén.
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