En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio”.
Gálatas 5:22
Cuando se acercan las festividades navideñas, vemos optimismo por doquier, caras sonrientes, expectativas por los regalos, deseos de reunirse con la familia… pero luego viene lo que en algunos sitios llamamos “la cuesta de enero”. Porque enero puede ser muy duro. De hecho, un profesor galés estableció hace unos años una fórmula para calcular el peor día del año y llegó a la conclusión de que esa fecha es el 24 de enero. En la fórmula intervienen factores climáticos y otros bastante objetivos, como las deudas adquiridas, pero llama la atención que incluye algo tan aparentemente intangible como el periodo pasado desde el último intento fallido de dejar un mal hábito. O sea, reconoce que nuestros fracasos personales contribuyen a la infelicidad.
¿Te sientes mal por las muchas cosas que querías cambiar en ti y no has podido? Es buena señal que tengas ese sentimiento, pero Dios nos ofrece otra vía. Su gracia, el poder de su Espíritu Santo obrando en nosotros es lo único que puede transformarnos para bien y producir frutos que de verdad valen la pena.
Piensa
En sus caminos, cada día falta solo un día para el mejor día.
Ora
Haz tu obra en mí, Señor. No me importa lo que insinúen mis sentimientos, quiero agradecer la bienaventuranza de ser tu hijo. Amén.
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