sábado, 18 de diciembre de 2010

Donde hay lugar


“Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada”.
Lucas 2:7


Uno de los himnos navideños que con más intensidad tengo grabado en mi memoria es el que habla de cómo Jesús lo dejó todo para venir al mundo y no encontró más que marginación y rechazo por parte de la gente de entonces y de ahora. En las distintas estrofas presenta variaciones del mismo principio: él se sacrificó por nosotros, pero la respuesta no fue la que desearíamos. Pero reconozco que me encanta lo que dice el coro después de lamentar que en ninguna parte hubiera lugar para Él: “Ven a mi corazón, oh Cristo, pues en él hay lugar para ti”.

Lo importante es que, al mirar dentro de su corazón, pueda ver usted esa disposición a que Cristo sea su Salvador y su Señor. Él ya ha venido, ¿cómo encuentra su corazón? ¿Le está esperando con los brazos abiertos? La condición de nuestro corazón no cambia la realidad de su mensaje y su obra de salvación, pero es de vital importancia oír la voz del Espíritu Santo llamando a nuestra puerta. Ábrale.

Piensa

Nada debería ocupar el lugar que pertenece exclusivamente a Dios.

Ora

Señor, honra mi posada con tu presencia eterna. Límpiame y haz de mí tu templo.

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