“Así como el Señor los per-donó, perdonen también ustedes. Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto”
Colosenses
3:13-14
Se juntan todos para cenar en la temporada navideña. La buena comida viene acompañada de la buena bebida. Hay excesos tanto de una como de otra. A todo ello se suma que las rencillas familiares no se han solucionado. Con tales ingredientes, una velada de armonía familiar es realmente una bomba de relojería. En algún momento, casi siempre por culpa de la “desinhibición” del alcohol, se hacen alusiones indebidas, se sacan temas afilados y se toca donde no había que tocar. Y estalla la trifulca. La testaruda realidad pierde su frágil máscara.
Lo más fácil sería pedir perdón y perdonar. Sobre todo cuando es en el seno de una pequeña comunidad con lazos de sangre, que por naturaleza deberían ser lazos de amor. El modelo de Dios es el perdón.. Su razón es muy sencilla, y es a la vez un modelo: “Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes”. Y la clave para tratar cualquier derivación del conflicto o todo posible origen de nuevas contiendas es también clara: “Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto”.
Piensa
El fuego del amor apaga los incendios del rencor.
Ora
Gracias, Señor, por la familia de sangre y por la familia de la fe. No dejes que mi orgullo rompa esos preciosos lazos. Amén.
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