Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa”.
Efesios 6:2
Estar con la familia debería en principio ser una buena noticia, pero con demasiada frecuencia se convierte en una carga y en fuente de numerosas discusiones. Habrá discusiones acerca de en casa de quién se celebra tal o cual cena, quién se encarga de traer esto o aquello. Si es así, son síntomas de que se ha roto una relación valiosísima.
Cuando esas relaciones se convierten en algo difícil, se nos presenta la oportunidad de poner en práctica algunos principios cristianos que nos ayudarán a demostrar que, como hijos de Dios, somos diferentes al resto del mundo y podemos solucionar esos problemas con amor, abnegación, renuncia a tener siempre la última palabra o disposición a lavar los pies del prójimo. Jesús se preocupó de la familia de Pedro, curó a su suegra de una fiebre durante una visita su casa; se preocupó de su propia familia: encargó a Juan que se ocupase de su madre cuando estaba agonizando en la cruz. No siempre es fácil la convivencia, pero siempre es posible dar testimonio de lo que Cristo significa para nosotros.
Piensa
Una buena resolución para el nuevo año: dejar atrás cualquier resentimiento.
Ora
Gracias, Señor, por el año que termina. Te rogamos que en el próximo nuestra relación con los que tenemos alrededor sea digna de embajadores de tu Reino. Amén.
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