sábado, 18 de diciembre de 2010

Circunstancias de María


“Quedarás encinta y darás a luz un hijo… ¿Cómo podrá suceder esto… puesto que soy virgen?”.
Lucas 1:30-34

Es jovencita. En su tiempo, eran todavía adolescentes cuando se iniciaba el proceso de desposorio. Es piadosa. Todas sus reacciones antes y después del nacimiento de Jesús destacan esa característica en ella. En definitiva, es el prototipo de persona que sufriría agudamente ante los ataques de las malas lenguas, los crueles dardos del qué dirán. Y eso es lo que le espera, cuando en el pueblo se enteren de que María, la prometida de José, se ha quedado embarazada antes de empezar la vida en común con su esposo.

El propósito de Dios se estaba llevando a cabo por medio de ella. Todo eso estaba en un plato de la balanza. En el otro se podían poner todas las miradas de sospecha, todas las sonrisas hipócritas de las criticonas, todos los bisbiseos que escuchara al pasar. Sin discusión alguna, uno de los platos pesaba mucho más que el otro.

¿Qué valor le damos a la promesa de Dios cuando enfrentamos incomprensión al obedecerla por fe? Si nos aferramos a lo que Dios nos dice y a lo que es su propósito en nosotros, nada de todo lo demás tendrá valor para derribarnos.

Piensa

Una sencilla promesa de Dios pesa mucho más que todas las grandes palabras vanas a nuestro alrededor.


Ora

Señor, dame fe para aferrarme a tus promesas en medio de nubes de palabras que me confunden o debilitan. Amén.


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